Relevo generacional

Relevo generacional.
Dos pétalos menos en la flor de Barcelona.

‘De toda la vida, en el barrio’ y el también ‘Forma parte de su historia’, son normales en estos locales.

La cistelleria Siscart, abierta desde finales del siglo XIX, de Hostafrancs en Sants y la Granja Vendrell en L’Eixample, de casi 100 años de historia, han cerrado.

Las personas que lo gestionaban, se han jubilado y no han encontrado a nadie que lo llevara.

Esta vez no ha sido el alquiler, ha sido la rentabilidad y el trabajo. Nadie ha querido tomar el relevo.

Poco a poco vamos perdiendo nuestra identidad. Cada vez que perdemos uno de estos establecimientos, algo de Barcelona se pierde.

El ayuntamiento tendría que comprar estos establecimientos, y gestionarlo/alquilarlos. Hacer una bolsa de espacios protegidos y gestionados de locales, con un porcentaje, por ejemplo de la nueva tasa turística que quieren hacer.

¿Qué mejor empleo del dinero del turismo, que proteger nuestra identidad, nuestros establecimientos, nuestra historia?

Con el tiempo, tendría mucha más rentabilidad de la que podríamos imaginarnos. Además tendría que hacer una ley para proteger los alquileres y estos locales. Se podría autogestionar económicamente.

Triplicar el precio de un alquiler para renovar el contrato a un negocio, tendría que estar prohibido por ley.

Al Happy Park, le está pasando esto. Le triplican el precio del alquiler. Alquileres regulados ya, pero de verdad.

Dicen que es emblemático de Sants, de la Calle Comptes de Bell-lloc, pero yo lo extendería a mucho más, a toda la ciudad.

Está situado en una nave modernista que arreglaron los que lo alquilaron. Llevan ya 25 años allí.

Mis hijos han ido varias veces y se lo pasan bomba. Ha sido una opción muy válida para disfrutar. Y yo no soy de Sants, sino de Barcelona.

Ahora han crecido y tienen muy buenos recuerdos de sus tardes en el local. Con apenas 12 años, la mayor, ya empiezan a vivir los cierres y pérdidas de espacios que han vivido y disfrutado, en El Carmel ha pasado mucho, en Horta, está pasando.

Al final, nos arrancan ya tantas cosas, que nos volvemos insensibles. Perdemos más identidad de la que ganamos.

Yo cuando era niño, no recuerdo estos cierres ni pérdidas, que al final conseguiremos que sea una ciudad impersonal que sólo gestionan grandes marcas y franquicias.

Está bien comer una hamburguesa, pero si quieres comer buena nata o comprar un cesto diferente de mimbre, dónde lo vas a conseguir.

No es la primera vez que hablo de esto.

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